Aroma De Eucaliptos (XI)

14 junio 2006


En el Mar de los Sargazos no existen las estatuas.

Nunca fué necesario para su historia
recurrir a las imágenes de mármol en las plazas,
los parques o las avenidas de la ciudad
o los poblados.

Sus heroicidades
no necesitaron de los monumentos,
las estirpes, el odio de los vencidos
o los estandartes de los triunfadores.

No es la memoria de las guerras,
el fratricidio, los despojos.
La amarga destrucción
o el inexplicable derrumbe de lo acumulado.
Jamás el enconamiento de lo gratuito.

En una forma aún no conocida,
todos los seres que conviven
en esta inmersión cilíndrica
tienen en sus mentes
el conjunto del paso de los tiempos.

Sólo les basta pensar en una época,
un hecho,
un instante,
para que lo acontecido se haga presente
en su más clara certidumbre.

Sin haber conocido a sus ancestros
son capaces de saber de cada uno
de sus días vividos, como si el presente
se conjugara con el pasado en un todo.

Tienen la capacidad de saberse incubados
y cómo fue su primer aliento al nacer.

Ciertamente no pueden conocer el porvenir;
pero también es verdad que no le temen.
El acto de morir no produce angustia.

En el Mar de los Sargazos no hay entierros:
cuando la vida cesa,
se diluye,
se mezcla en la salinidad
y se esparce en todas direcciones
con un inconfundible aroma de eucaliptos.



Aut.: Manuel Orestes Nieto

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